La entrega
¡La tarde!... lívida, perezosa,
me deleita con su sabor
y entre las hojas de los cerezos perfumados
nos entregamos al amor.
El cielo desvistes seductor, con sus
ojos serenos y profundos,
mientra que abatidos caen los segundos
y yo disfruto plena con fervor.
Es lluvia que riega mi campo
es torrente de fuego y mar,
te veo, te siento casi un santo,
que sabio me invita... A soñar.
Vuelan nuestros cuerpos,
tocando el infinito.
Juntos, montañas y desiertos exploramos,
siguiendo, cual potro el instinto:
¡Gritamos! ¡Gritamos!... Nos amamos.

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