La dulzura de su boca
Su nombre se escabulle entre las
hendijas del viento
cuando el naciente
abre su mano,
busco en la luz tenue del alba
su mote en mi aliento
De a poco entra el sol
con aristas naranjas por la ventana.
Su tierra prominente
se afirma en la espiga dorada
donde el sopor de la claridad trota
los montes somnolientos
en la escultura de su tierra
Se alzan las mareas del mundo
y golpean
las venas de mi cuello,
cuando veo la piedra pulida
de su vello y la frente desnuda
hasta las raíces de plantas descalzas
Es un vibrar de abanico
que juega entre las luces.
Un himno hecho de carne y alma.
Corazón de un solo rostro
donde me reconozco,
atrapo la segura firmeza
de sus detalles y con voz eólica
repito el adjetivo
arrastrado por el viento de bruces
del tiempo de los pinos petrificados
Ella es todo un oído de alabanza
a mi palabra es sincera,
como una lengua de plata
servida en su bandeja
Nada cuesta retratar sus contornos.
No requiere esmero el relato de su casta.
Es el epónimo del corazón que late
y enamora con su danza.
No tiene seudónimo su zumbar de abeja
ni el dulce de su boca está en los tomos
de alguna biblioteca.

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